martes, 9 de junio de 2015

....Gato Callejero....

….gato callejero…

No soy supersticiosa…reto al destino a cruzar un gato negro en mi camino…

Más pequeños, pero más sigilosos…no muerden, pero arañan…expertos en el arte de esconderse…los gatos callejeros son mucho más peligrosos que los perros vagabundos. Un gato callejero suele estar en la calle porque él quiere, porque no aguanta estar encerrado en un hogar y echa de menos la libertad…un perro vagabundo suele estar en la calle porque le han abandonado y vive añorando un techo caliente…son… más fieles.
Menos mal que tan solo me crucé contigo…

Te colabas en mi casa haciéndome creer que no tenías que llevarte a la boca y resulta que, simplemente te gustaba la aventura y escapabas cada noche de tu casa por la rendija de la ventana de arriba mientras tu dueña dormía. Pudiendo tenerlo todo…porque renunciar a algo? En cuantas casas más habrás estado…
Me pregunto si salías por su ventana con el mismo sigilo con el que entrabas por la mía.
Debo reconocer que fui yo la que pegó el primer silbido. Te vi solo. Solo, rondando mi casa….y eras tan bonito…pequeño pero fuerte,  negro con una mancha tatuada en el lomo. También reconozco que no respondiste a mi primera llamada. Si hubo una segunda fue porque tuve la necesidad de comprobar que estabas bien. Igual se me pasó por la cabeza quedarme contigo si resultabas ser callejero…quizás. En el fondo creo que, todos los que andamos en ese momento de nuestra vida en el que nos falta algo de compañía, estamos esperando ese perro vagabundo o ese gato callejero que pasea por la calle, solo, con frío y hambre que nos veremos obligados a acoger pensando “como lo iba a dejar ahí?”, “me lo quedaré hasta que encontrarle un hogar”…y luego, casi siempre pasa, que termina siendo ese compañero fiel de por vida.
Igual te llame esa segunda vez porque echaba de menos un compañero…

Te acercaste con cuidado. Cruzaste el jardín hasta llegar a la verja de mi patio. A penas te dejaste acariciar, pero en seguida supe que, aunque anduvieras por la calle, ya habías estado bajo un techo. Ya conocías el calor de un hogar, ya te habían acariciado antes. Si rebuscabas en los cubos de basura solo tu sabes porque lo hacías. Yo me puedo hacer a la idea también.
La primera noche no quisiste entrar. Pasamos un rato “conociéndonos”. Traté de engañarte jugando, pero…ahora lo entiendo todo…te dio miedo tardar demasiado y encontrarte tu ventana cerrada.

Durante la siguiente semana salí cada noche a buscarte pero no te vi. Estuve siete días, siete! agarrándome a esa ilusión…y por fin, al octavo día, cuando ya te había guardado como una bonita anécdota (aunque dejé las puertas abiertas por si acaso), te vi de refilón por el patio. Decidí no acercarme. No sé como fui capaz de aguantar. Entonces, en cuestión de segundos, llegaste al filo de la puerta del salón. Ibas orgulloso, con la cabeza alta y tus elegantes andares. Me miraste directamente, como pidiendo permiso para entrar. Me levanté, muerta de miedo por si me llevaba un zarpazo. Me agaché para estar a tu altura…jaja…cara a cara. Y viniste a mi. Esta vez me dejaste acariciarte a la primera. Me fui a la cocina y me seguiste como si ya conocieras mi casa. Te preparé un vaso de leche. No bebiste. Volvimos al salón. Creo que contigo aprendí a calmarme, a andar sigilosamente y tranquila. Nos echamos en el sofá. Eras tan suave como había imaginado...así resultaba imposible no desearte! Al fin, algo de calor en mi casa…al fin, algo de compañía…y esa sensación de vacío tan horrible cuando te fuiste.
 Ahora puedo reconocerte que desde esa primera noche supe que eras de otra. Que te seguí cuando saliste de mi casa y te vi entrar por su ventana. También puedo reconocerte que me prometí no volver a dejarte entrar en mi casa. Prometí no involucrarme…y que si lo hacía jamás sería capaz de culparte de algo que yo misma permití. Pero sabes que? Preferí tenerte a medias que no tenerte…siempre he sido igual de estúpida.


A partir de esa noche tus visitas se hicieron más asiduas. Entrabas en mi casa con esa manera tan peculiar que tenías de pedir permiso… Yo me preparaba un colacao del que tu siempre me robabas un poco, y pasabas la noche escuchando mis “cuentos” y sin decir ni una sola palabra. Parecía el cuento de las mil una noches…que, como el sultán, mientras tuviera uno preparado no faltarías…pero yo no era una buena Sherezade…
 palabras que ahora me queman por dentrotranquila, traguñetido que no lo har la noche escuchando mis "u casa. Te preparNo venías todas las noches, pero créeme, al final era capaz de predecir cuando aparecerías. Solía ser de madrugada…llegabas a mi ventana borracho de soledad y deseando escuchar uno de mis cuentos. Y yo te esperaba, sedienta de compañía, y deseando nuevas marcas, nuevos arañazos que me hicieran sentir que aún estaba viva.  Lo malo fue que de vez en cuando venías más canalla de lo normal y decidías hacer heridas más profundas sin pensar en las consecuencias. Y al final...me acostumbré a tenerte a medias. Que gran error. Me volví sonámbula. Me acostumbré a no dormir de noche porque era el momento más bonito del día. Que triste conformarse con tan poco…pero es que ese poquito era más de lo que me habían dado. Así que finalmente si, me involucré…y si, te culpé…no puedo negarlo. Te culpé por desaparecer…de esa manera tan ruin. Sin una despedida como nos merecíamos, con mentiras, con engaños…jamás te exigí nada, jamás pregunté nada, hice como si fuéramos de mundos distintos, incapaces de entendernos porque hablábamos distintos idiomas.

Ahora te abro mi corazón, en el idioma universal, porque ya no hay promesas, prohibiciones, ni reglas…el juego ha terminado. Porque ahora puedo ser como soy yo realmente, sin miedo a perder lo que nunca existió. Puedo decirte que, si me hubieras dejado tan solo una noche entera, hubiera hecho que olvidases el camino de vuelta. Que, si no te hubiera prometido que no lo haría, hubiera luchado por ti como yo sé…con toda el alma. Que, para que tu vivieras la conciencia tranquila, tragué palabras que ahora me queman por dentro. Que, si te hubiera respetado lo poco que mereces, hubiera traficado con mis armas para abrirte en canal y llegar dentro tuyo. Que si no te has quedado es porque yo no he querido…porque te he respetado más a ti que a mi misma y mis sentimientos.  Que conmigo hubieras vivido con las ventanas abiertas y sin embargo no hubieras tenido la tentación de escapar.
Ahora…ahora puedo decirte que, cuando menos lo esperes, te acordarás de mi…que recorrerás los 36 pasos que hay hasta mi ventana y la encontrarás cerrada, y entonces, tan solo entonces podrás erguirte como persona y dejar de ser un animal. Porque siempre dijiste que lo que te acercaba a mi ventana era tu parte más animal, y yo me cosí la boca para no escupirte la realidad: la parte que viene a mis brazos es la más humana…aún no te has dado cuenta? Que si me pusieron en tu camino no era para lo que tu pensabas, sino por algo mucho más grande que ya nunca podrás comprobar.

Me despido de ti, sabiendo que seguiré buscándote cuando salga a tirar la basura, que seguiré despertando a las cinco de la madrugada esperando escuchar tus golpes, que seguiré preparándome un colacao cada noche a pesar de ser de Nesquik, que seguiré comprando sal a pesar de cocinar sin ella…que seguiré con las ventanas abiertas poniendo como excusa el calor…incluso en pleno invierno.

Me despido de ti con uno más de mis cuentos…tan solo eso…un cuento de lo que podría haber sido y ya no será. Hasta que un buen día entre alguien por aquella que en su día fue TU VENTANA y se quede a escuchar mis cuentos y a construir uno nuevo.

No soy supersticiosa…reto al destino a cruzar un gato negro en mi camino…






 




No soy supersticiosa…reto al destino a cruzar un gato negro en mi camino…







miércoles, 21 de enero de 2015

...Cuento no contado...

…Te iba a escribir el cuento más bonito del mundo…y resulta que ahora todos
tienen una historia dedicada menos tú. Imbécil…pudiste tenerlo todo! Te he llegado a amar tanto…Hubo un tiempo en que volví a creer en la inocencia, en la sinceridad…un tiempo en que conocí el verdadero significado de la palabra AMAR. Amar por encima de todo, sin prejuicios ni juicios. Amar de la manera más transparente y pura. Amar a pecho abierto. A veces echo la vista atrás y se me encoje el estómago al recordar como me pude sentir: canciones a la luna, todos de blanco en la playa, un viaje relámpago a Egipto, mis espaldas siempre cubiertas, una mano que tiraba de mi, mi vestido de novia, el poder de convertirlo todo en risa, noches buscándonos, abrazos no reclamados, medias copas de vino, rincones en cada calle, horas de conversaciones en coche, cielos de todos los colores, cuentos a medias, inviernos de 30 grados…

Dejaste de mirarme…dejaste de leerme…dejaste de escucharme y de hablarme…creo que simplemente dejaste que me fuera. Y yo…yo también dejé de mirarme, de leerme y de escucharme para vivir tratando de dártelo todo por encima de mis propias necesidades. Porque no se puede vivir tratando de hacer feliz a alguien que no quiere serlo, y a ti…a ti siempre te faltaba algo. Sabes qué? El otro día creí verte de nuevo! Te asomaste por un segundo, pasaste por encima de tu coraza…no imaginas como se retorcieron mis entrañas de amor…porque yo veo, escucho y leo. Pero se retorcieron para terminar estranguladas de dolor cuando desapareciste, y ya no aguantan más, amor…que de amor…de amor también se puede morir...y prefiero no jugármela más, que a mi me gusta mirar, escuchar y leer! Y en la vida hay muchas imágenes inolvidables, sonidos intrigantes y cuentos para acunarte, y yo quiero vivirlos todos.


El título de tu cuento…NUESTRO cuento, siempre lo tuve claro:  “A DESTIEMPO”

Porque hubo un día en que decidimos ponerle ese nombre a nuestra manera de sentir la vida juntos. Recuerdas? el destiempo para nosotros era cuando eres capaz de hacer un pic-nic en una habitación; cuando eres capaz de sentir a un pequeño como parte de tu alma de un día a otro; cuando en tiempo de feria te quedas junto al que te necesita para respirar apurando tu propio aire; cuando te presentas en una boda donde no conoces a nadie; cuando subes a un tren sabiendo que dejas TODO atrás; cuando coges una maleta sin viaje; cuando las palabras surgen inesperadas; cuando subes a un avión por un futuro en París; cuando te atreves a vivir con la inocencia de cuando eras niño; cuando no importa si es el momento adecuado para andar descalza…
Lo rozaste…lo oliste…estoy segura de que aunque no quieras reconocerlo, llegaste a sentirlo…pero da demasiado vértigo llevar la muñeca vacía…esos segundos, minutos, horas o días, (no te puedo decir cuanto tiempo fue ya que preferí vivirlo a contarlo) que fuiste capaz de no llevarlo a pesar de mirar su marca en la muñeca de reojo, fuiste alguien capaz de llenar una vida rota…y créeme cuando te digo que no volverás a sentirte más realizado ni más valioso.
Se te escapó…no llegaste a tiempo.




Pero es imposible crear una historia, aún teniendo el título perfecto, sin los personajes principales, y en este cuento que intento escribir…no soy capaz de encontrarlos…se me ha escapado el príncipe, o quizás, soy incapaz de reconocerle aunque le tenga a dos milímetros. Ya no diferencio si al que trato de presentar es el héroe o el villano. Tu que crees, amor? Enseñarle un dulce más grande del mundo a un pequeño sabiendo que no puedes dárselo es de héroes?...supongo que villano entonces.
A ella tampoco la encuentro, se me ha perdido en un bosque que no pertenece a este cuento! Creo que le dolía tanto el corazón que cogió su abrigo rojo y se echó a los lobos…
Y en cuanto al final…lo hay, parece que eso si está claro. Final sin respuestas, final de conversaciones pendientes, final con tierra de por medio, final con un sueño roto que trata de renacer, final de cobardes y traidores, final de decepciones, final capaz de hacer desvanecer toda una historia sin dejar vivo ningún recuerdo…final para siempre.

Así está la composición de la historia en este momento? Sin protagonista, con un villano al mando y con un título huérfano?...


…Te iba a escribir el cuento más bonito del mundo…lo siento, sólo me ha salido esto…





martes, 9 de diciembre de 2014

...Vendetta...

…Vendetta…

A salitre y tinta resultó ser el sabor de la venganza, y descubrí que la sal escuece en las heridas y que la tinta puede tatuar el alma…


Sí, fui yo quien acudió en tu búsqueda, así que no puedo culparte absolutamente de nada. No puedo culparte de dañarme, de marcarme, de no darme más. Fui yo la que prometió que esta vez sería lo suficientemente fuerte. Perdona, pensé que tenía el corazón lo suficientemente roto como para no arroparte.

Ahora, cuándo me siento capaz de ser “algo” objetiva, no termino de diferenciar si te busqué, como yo misma te dije, para ser mi vendetta o en realidad fue una excusa más para volver a ti. Igual, simplemente mi vendetta pretendía ser hacia ti, hacia el que por primera vez me hizo estremecer y retorcer de dolor. Quizás el que alguien me rompiera el corazón tan solo me recordó  la vez en que tu me lo DESTROZASTE y por eso tu nombre vino a mi cabeza de golpe…aún no lo tengo claro…

Tan sólo una pregunta: “puedes venir?”. El resto de la conversación es mejor no recordarla. A ti siempre te ha gustado el JUEGO. No tardaste en aceptar.

A mi cabeza vienen imágenes en blanco y negro como si de una película tratase. Llego a esa puerta y me quedo pegada, escondida, junto al telefonillo. “de verdad soy capaz de hacerlo?”. Inspiro fuerte para tratar de relajarme. El corazón me late a mil por hora, exactamente igual que la primera vez que crucé ese umbral. Toco el telefonillo. “Sube”. Las mismas palabras, para que alargarlo más… Cruzo hacia dentro y se me saltan las lágrimas. Sé que ya no hay vuelta atrás. He entrado en la boca del lobo. Esas escaleras de madera torcidas se me hacen eternas mientras me vienen las imágenes y sensaciones de la primera vez que las pisé. Parece que estoy subiendo al torreón de un castillo y tan solo son dos plantas de un antiguo edificio del centro. Llego sin aliento a tu puerta…me convenzo de que es porque he subido andando… Me di la vuelta dos veces, pero estaba ya demasiado cerca.  La puerta estaba encajada. Parece ser que Alastor (el Dios de la Venganza) tiene un ritual marcado. Empujo la puerta, conozco el camino a la habitación azul de memoria. Mis piernas avanzan solas…traidoras! Como me hacéis esto? Después de tantos años juntas, seguís traicionando a mi corazón?. La habitación ha cambiado un poco…se nota que ella se fue…pero sigue teniendo su esencia; color del mar en sus paredes, estanterías llenas de libros y la cama al fondo. Me esperas apoyado en una de las columnas junto a la cama y sonríes…bueno…te ríes. Supongo que pensaste que no iría, que no era tan…valiente? Supongo que mi cara mostraba el mismo nerviosismo que la primera vez que estuvimos juntos y que tan solo tu conocías. Pero tu risa me hace subir la cabeza y avanzar hasta donde estás. Me cuesta abrir la boca para besarte, pero no por falta de ganas sino por la rabia que aprieta fuerte mis dientes. Rabia por volver a tus brazos, rabia porque la perra que llevo dentro de mi ha ganado la batalla, rabia porque él fue quien me lanzó a tus brazos, porque mis ganas de venganza me iban a pasar factura y lo sabía.
Te muerdo al principio. Eso ya pasó la primera vez que nuestras bocas se encontraron, pero esta vez yo no soy la dulce niña que quiere probar lo prohibido, esta vez soy yo el tiburón y tu mi presa. Esta vez soy yo la que escribe el relato. Esta vez soy yo la masoca que esta deseando probar si de verdad el agua de mar sobre la herida escuece o cura.
 Ahora yo llevo las riendas y soy yo la que decide y la que agarra con fuerza y brusquedad. Un  par de veces intentas tomar tu el mando, como hacías antes, pero no te dejo. Vengo con las ideas claras y el alma empañada. Agarro tu pelo para guiar tu boca y que no escape de mis dientes. Te siento sobre la cama para subirme sobre ti y seguir comiéndote a besos. Te ríes y juegas, me dices que he cambiado…de verdad no te diste cuenta de que no abrí los ojos en ningún momento? Eso debería haber bastado para que entendieses que seguía siendo la misma, que seguía siendo yo la presa. Presa de acudir al diablo cuando algo me dolía, presa de echarme a los leones cuando la rabia me consumía, presa de buscar venganza en el estómago del tiburón…
Dirijo yo tus manos, escojo la luz, me desvisto yo hasta donde yo quiero…pretendo hacerte ver que esta vez no eres tú quien decide, y sin embargo estoy en tu cama…irónico, verdad? Esta vez hablas tú mientras yo  trato de concentrarme en ser quien no soy. Mientras trato de recordar lo que me había llevado hasta tus brazos. Saboreo cada centímetro tuyo, llevo nuestros cuerpos por donde quiero y tu te dejas.
No tengo claro cuál fue el punto de inflexión de esa noche. Creo que fue el que olieses como siempre…noté un pellizco en el estómago que me hizo abrir los ojos y verte…NO! Cierra los ojos tonta! Concéntrate en el dolor y la rabia! me grité, pero era demasiado tarde. Al abrirlos me veo reflejada en los tuyos y toda mi fuerza se desvanece. Tu lo sabes. Cualquier fiera puede oler el miedo en sus presas y ya no puedo ocultarlo. Cierro los ojos de nuevo tratando de tomar el control y actúo con más fuerza y agresividad mientras las lágrimas se escapan entre las pestañas de mis ojos fruncidos. De pronto la bestia despierta. El juego se ha vuelto más interesante para ti y tus brazos se pelean con los míos. Pareces más grande. Ahora es cuando soy consciente de que me estabas dejando saborear mi venganza haciéndome creer fuerte. Me has echado sobre la cama y ahora tu manejas las sábanas. Tus manos apresan las mías hasta doler.
De golpe vuelvo a aquella tarde de Mayo de hace ya cuatro años.

“Un capricho de última hora?” preguntas bajo tu siempre cruel sonrisa. “no, tan solo has sido mi Vendetta.” Te respondo. Y tras aquel ritual de salida parecido al de entrada, salgo de aquella casa. Las escaleras ya no parecen largas y, al contrario que antes, no me paro ni un segundo hasta llegar a mi casa como si fuera aquella princesa que siempre quise ser, corriendo escaleras abajo antes de volver a transformarme en quien era en realidad. Sólo que no soy exactamente igual que en el cuento…a mi no me sigue el príncipe, huyo de mí misma y…llevo los dos zapatos.

…para superar su daño me fui en busca de alguien que me hiriese más fuerte, y ambos sabemos que ese solo podías ser tú…


A salitre y tinta resultó ser el sabor de la venganza, y descubrí que la sal escuece en las heridas y que la tinta puede tatuar el alma…


lunes, 23 de junio de 2014

...el último beso... ("Perros vagabundos" 2ªparte)

…te libero con este beso de amor verdadero...”El último beso”.
…en forma de cuento…

Salí fuera a buscarte, pero entre una calle y otra terminé olvidando lo que realmente estaba buscando, y fui yo la que se convirtió en perra…me distraje con cada marca, cada olor, con cada señal…cogí y probé cada desvío…

Cada calle una esquina; cada esquina un giro; cada giro algo nuevo…tan tentador! Un nuevo olor, una nueva aventura y, con ello, una nueva herida para así dejar huella. Mi sangre en su pared.

Pregunté por ti en cada calle amor, y, aunque todos te conocían, ninguno supo (o quizás ninguno quiso) ayudarme a encontrarte…querían retenerme…era carnaza nueva! La calle es fría…lo sabías? Es fría…desgasta las suelas con su aspereza, hiere los tobillos con sus “vacíos”,  hace que te desorientes y llegues a perderte entre sus entrañas y, si en algún momento te paras para recordar quién eras, te muestra un reflejo deformado en alguno de sus charcos…o peor aún…te muestra aquello que no conseguiste tras alguna ventana…

Pase varias semanas en algunos callejones y varios meses en otros.  Aprendí poco a poco a engañar a aquellos que querían apresarme para, según decían, darme un hogar nuevo. Aquellos que se rigen por normas y que han decidido lo que está bien y lo que no lo está. Aquellos que consiguen atraerte con sus tentadores dulces para, en el momento menos esperado,  llevarte a la perrera.
Conocí toda clase de especímenes, y todos estaban delgados y llenos de cicatrices! Me encontré con un chucho pulgoso que había recorrido el mundo sin dejar huella ni llevarse nada de cada lugar; con un perro cobarde que se escondía tras la basura cuando veía aparecer algo que anhelaba; con una mezcla de lobo que casi llega a matarme; con una perrita de raza que compartió conmigo todo lo que tenía (creo que me echa de menos); con un perro caprichoso que quiso retenerme en una de las calles; pero nada…tu no estabas…y yo ya tenía bastantes cicatrices, así que decidí seguir mi camino sola. Esos perros son muy agresivos.


Al principio casi muero de soledad. Es tan duro…no es la falta de un techo lo que se añora en la calle…créeme. Pero poco a poco dejé de llorar para no atraer a nadie. Mis labios sellaron ya que no había quien les prestara atención. Mis patitas hicieron cayo de tanta calle. Y por primera vez aprendí a cuidar tan sólo de mi. Creo que eso me ha hecho crecer, amor, pero ya no te busco… Porque si decides vivir en la realidad de este mundo tienes que asumirlo como viene… y la realidad es que fuiste tu quién me dejó sola, y que cada cicatriz en mi cuerpo, aunque sea indirectamente, te pertenece. La realidad es que has llegado a dolerme más de lo que me hiciste feliz.


Pero llegó el invierno, y la calle se hace mucho más dura. El frío te recuerda los golpes de hace años. Las heridas empezaban a infectarse y cada vez encontraba menos para llevarme a la boca.  Estaba débil para peleas por un cubo de basura y ya no me fiaba de nadie. Veneno o redes tras los suculentos platos de comida. Las fuerzas se me estaban gastando.

La crisis había hecho que la gente guardase las sobras para el día siguiente y las basuras jamás se llenaban. Nadie se acordaba de nosotros. Algunos terminaban tirados en las calles muertos de hambre, los más débiles en perreras ya que no les quedaban fuerzas para huir más, y los más afortunados nos miraban ahora desde la ventana de un nuevo hogar. Aunque debo reconocer que esos casos no llegaban a contarse con los dedos de las manos.


No fui de las más débiles! Aguanté bastante! Pero la herida del cuello hizo trampa. …Lo último que recuerdo es un número 22 de un portal…y calor. Cuando abrí los ojos no conseguí reconocer la calle en la que me encontraba. Bajo mi cuerpo no estaba el asfalto frío y duro, me arropaban unas telas suaves y limpias, y la noche ya no era cerrada junto a la chimenea. Mis heridas estaban tapadas y limpias también. Tenía un plato con comida y otro con agua frente a mi . Por un instante pensé que te había encontrado! Que estábamos de nuevo en nuestra casa…en nuestro hogar... Entonces le escuché por primera vez… “bonita…” su voz transmitía seguridad. Aclaré un poco más mis ojos y le vi. Se acercaba a mi despacio. Le mordí. (pobre) Pero volvió cada hora y cada día a tratar de acariciarme, hasta que un día, mientras dormía, lo consiguió. Su piel era tan suave y tan cálida! No pude apartarme cuando desperté…hacía mucho que no sentía el calor de alguien de verdad…Poco a poco, según iba confiando en él, mi cuerpo se erguía para así poder dejar de comer de su mano…y terminar comiendo de su boca. Callejera, no perra…nunca más arrastrada por el suelo. Derecha, mirando a los ojos, que aún los había sinceros. Él curó mis heridas. Él me alimentó. Él cuidó de mi. Él me enseñó a volver a confiar. Y un buen día, cuando yo estaba completamente recuperada me dijo: “Sé porqué estabas en la calle, yo también vengo de ahí…y sé el miedo de volver a un hogar. Pero en esta casa siempre tendrás las puertas y las ventanas abiertas. Para que estés aquí porque quieras estar no porque sea mejor que la calle”.  Le miré, le besé y le dije: “voy a dar un paseo, amor, ahora vuelvo”. Y sonrió.

Y…si soy sincera (algo que nos está completamente prohibido a nosotros, los callejeros), he parado más de una vez junto a tu ventana esperando un silbido desde tus labios, esperando descubrir la manera de volver… He añorado, he anhelado, he soñado, he cuestionado…he vagado por tu fachada de ladrillo dejando mi huella para que la que llegue no olvide que fuiste mío. Una noche recordé aquel truco que teníamos tu y yo para abrir la ventana cuando se nos olvidaban las llaves dentro de casa y si, conseguí abrirla…entré con el sigilo del que la calle te dota, pero…mi lado de la cama ya estaba ocupado y se te veía feliz.  Así que te di ese…último beso…y volví a mis calles. Por cierto, se me olvidó volver a cerrar la ventana. Lo siento, sé que te gusta dejar las cosas bien cerradas.



Buscándote me volví perra…buscándote me sentí vagabunda…y ahora yo he encontrado a quien me da el equilibrio perfecto para pasear por las calles como una mujer subida a sus tacones. Y tú has encontrado alguien que calienta nuestra, ¡perdón! tu cama…y te libero de tu maleficio para que puedas disfrutar de tu nueva vida. Te libero con este beso de amor verdadero...”El último beso”

…en forma de cuento...








 
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