lunes, 24 de octubre de 2011

Ángeles...



Hay personas que nacen con una característica muy especial, personas que son dotadas de un corazón que tiene la difícil misión de compensar la maldad que hay en este mundo. Porque el bien y el mal deben equilibrarse para que el mundo esté en armonía… Durante siglos se les ha atribuido varios nombres sin que ninguno llegue a plasmar ese aura que les rodea en realidad: Ángeles, es la palabra más utilizada.

Athas es su nombre: Alegría su significado, ya que no podía ser de otra manera… Una pequeña niña rubia de grandes ojos azules que parecían pequeños si se comparaban con la sonrisa de sus labios. Cuando llegó a este mundo nadie se percató de que Athas nació con una gran, y al mismo tiempo, dura misión: albergar todo el amor y toda la bondad que las personas de este mundo se dedicaban a malgastar o a desechar, ya que el equilibrio del mundo dependía de ello.
Athas pasó su infancia como una niña más, aunque siempre dejaba tras su paso una estela que marcaba las vidas de aquellos que compartían sus días con la pequeña. Yo puedo contaros tan solo una de las historias de su vida.

En el reino de ______________ nacieron seis hermanas, hijas del Gobernador Libra. El gobernador Libra era el encargado de mantener la balanza que equilibraba el mundo. Durante su infancia, las seis pequeñas fueron instruidas para encargarse de cada uno de los elementos que regían la Tierra:
Lora, guardiana de los Bosques; Marna, guardiana de del Fuego; Crisálida, guardiana del Aire; Carma, guardiana de la Tierra, Anet, guardiana del Agua; y Marion, guardiana de la Noche. Seis mujeres, niñas aún, unidas por el destino hasta un punto que desconocían. Fueron enviadas a la corta edad de 6 años a formarse cada una en un lugar del mundo.
Los años pasaron y, un día, el Rey Libra dejó su reinado para reunirse con sus antecesores y dejar paso a sus pequeñas niñas, convertidas ya en mujeres. Pero algo sucedió, ninguna de ellas apareció. El mundo comenzó a regirse libremente, tan sólo guiado por los instintos del hombre…y el Caos se apoderó de él en poco tiempo. El hombre es, por naturaleza, egoísta y ambicioso, porque alguien guiado por los sentimientos es, sin duda, débil ante la vida si no tiene cerca alguien para guiarle. Si algo nos caracteriza es que vivimos guiados por los sentimientos, y estos, nos hacen al mismo tiempo únicos en cuanto a bondad e inigualables en cuanto a maldad.
Tal llegó a ser la situación que reinaba en el mundo que, tras todas las súplicas y los lamentos, decidieron enviar a la única mujer capaz de volver a unir a las hermanas de __________: Athas.

Athas comenzó visitando a Lora, guardiana de los Bosques. “Por qué no quieres volver al reino si ya comprendes el idioma del viento?”, preguntó la joven Athas. “Porque soy incapaz de entender el de los hombres” contestó Lora.  Una lágrima resbaló por la mejilla de Athas al oír esto y saber que se trataba de una gran realidad. Y en el corazón de la bella Athas, tan sólo compuesto por bondad, trató de hacerse hueco a golpes la crueldad.
Athas, con más peso de lo habitual, continuó su camino hasta el volcán más alto del mundo donde Marna jugaba con el Fuego. “Por qué no quieres volver al reino si ya tienes el control sobre el fuego?” preguntó esta vez. “Porque he aprendido que no existe manera de controlar al hombre”, contestó Marna. Y la discriminación trató de entrar en el corazón de Athas haciéndola arder por dentro.
Pese al dolor, Athas prosiguió su camino y  se acercó al Gran Desierto donde Carma, guardiana de la Tierra, hacía castillos de arena, y la preguntó “Por qué no quieres volver al reino si ya has aprendido a crear con la Tierra?”. “ Porque los hombres tan solo saben destruir”. El rencor se arrastró hasta el, ya algo gastado, corazón de la alegre Athas.
Aún así Athas recorrió la tierra hasta encontrar a Anete, guardiana del Agua, nadando junto a las sirenas. “Por qué no quieres volver al reino si ya eres capaz de llevar cualquier cosa hasta la orilla?” Anete respondió “Porque he aprendido que cualquier regalo que llegue a los hombres tan solo traerá un motivo más por el que pelear”. Todo el egoísmo que reinaba resbaló hasta romper contra su pecho.
Herida ya, y con demasiado peso en su corazón, la oscuridad se hizo sobre ella y se encontró con Marion, guardiana de la Noche. “Por qué no quieres volver al reino si has conseguido iluminar la oscuridad?” “Porque he aprendido que la luz no tiene valor para los hombres”. Y la tristeza trató de envolver con su oscuridad su, ya casi rebasado, corazón.

Athas consiguió guardar en su corazón todos esos sentimientos junto con los que ya poseía ella por naturaleza, y noche tras noche realizó el mismo viaje para tratar de convencer a las seis mujeres que debían, pero no querían, gobernar el mundo. Y día tras día volvía a su hogar cargada de más dolor y peso del que podía sostener al escuchar los motivos de las jóvenes para no querer saber nada más de los hombres. Entonces, una noche,  Athas encontró la manera de llegar al corazón de las seis mujeres: Las enseñaría todo lo bueno que el mundo poseía. Lo que Athas no sabía es que para ello debería entregarlas esos sentimientos que hacían de ella alguien tan especial. Noche tras noche, Athas las mostró todo lo bueno que existía en el mundo. Noche tras noche, Athas se sentía más ligera…más vacía. Pasaba el tiempo y no lograba recomponer el equilibrio, las muchachas no terminaban de creer lo que ella las contaba, así que, finalmente, Athas tomó una decisión tan sólo capaz de ser llevada a cabo por alguien tan especial como ella: Demostrar que el amor, la bondad, la generosidad, el sacrificio, la alegría y la luz…existían, y que eran capaces de compensar cualquier mal que existiera.  Entregó cada uno de estos valores a cada una de las mujeres vaciando su corazón. Perdido su armonía  tuvo que abandonar su cuerpo.

Hoy es 24 de Octubre, y las seis mujeres se reúnen en su mundo, ese que gobiernan y tratan de equilibrar constantemente, aceptando el sufrimiento porque solo con él es posible la felicidad. Junto a una roca escondida entre flores, gobernada por aquella comparable tan solo a un Ángel, recuerdan simplemente el valor de una sonrisa capaz de cualquier cosa. Y ella, Athas, las cuida y las ayuda a no perder jamás el rumbo y a que ninguna de las hermanas trate de separarse ya que…solo así el equilibrio reinará.

Hay personas que nacen con una característica muy especial, personas que son dotadas de un corazón que tiene la difícil misión de compensar la maldad que hay en este mundo. Porque el bien y el mal deben equilibrarse para que el mundo esté en armonía… Durante siglos se les ha atribuido varios nombres sin que ninguno llegue a plasmar ese aura que les rodea en realidad: Ángeles, es la palabra más utilizada.

jueves, 30 de junio de 2011

EL PACTO...


Qué fácil es llegar al trato…
Muchas son las artimañas que utiliza el diablo para conseguir aquello que anhela… Y muy débiles son los humanos a la hora de desear algo. Viviendo en un mundo tan frío, donde la ley del consumismo que los guía se divierte “consumiendo” en realidad sus almas, sus sueños, sus vidas… Así es como Devet, al que algunos llaman demonio mientras muchos otros le creen un Genio que cumple sus peticiones, consiguió llenar su Castillo de las cosas más preciadas y únicas: Botes llenos de lágrimas de aquellos que pagaron con ellas sin saber que, sin lágrimas, sus ojos se cuartearían y no les dejarían ver la belleza del mundo; cajas con notas y cartas  de amores robados que ya no volverán a ser recordados;  Ejemplares de raros insectos disecados y…extinguidos! Extinguidos tan solo por el ansia de poder de algún rey que no dudó en pagarle con “vida” más de lo que era capaz de abarcar; Un arpa que, acariciada por el viento, hace sonar las risas de familias enteras que consiguieron vivir más años a cambio de vivirlos sumidos en la tristeza; un cajón lleno de besos y caricias que jamás encontrarán un destino suave y limpio…y, en el balcón de la habitación principal, aquel donde sus ventanas siempre están abiertas tratando de apaciguar el calor que siempre hace en el infierno…ella: Ema.  
Ema nació de un amor tan puro y tan grande que le dio el privilegio de ser la única persona con la voz más bonita del mundo. Pelo negro azabache y tez de un blanco rosado. Desde su nacimiento, Devet,se encaprichó con ella. Quería tenerla en su colección hasta que fuera lo suficientemente adulta como para convertirse en su compañera para toda la eternidad. Quería tenerla para que velase sus noches con sus preciosos cantos. En el infierno siempre había reinado la oscuridad, pero nunca por preferencia de Devet. Incluso el diablo necesita algo de luz en su vida. Al caer la noche, Ema salía a su balcón para cantar a la luna. Su madre la enseñó que esa era una buena forma de dar gracias por su don: velar las noches de todos aquellos que lo necesitaban.  Con su canto los bebes dejaban de llorar, los niños dormían sin miedo a la oscuridad, el silencio reinaba… y siempre, miles de luciérnagas se reunían junto a ella para iluminar sus noches. Ema tenía miedo a la oscuridad. Devet jamás había sido capaz de conciliar el sueño, jamás había descansado…era el ser con más remordimientos del mundo! Y cada uno de ellos pesaba sobre su conciencia. Ansiaba a la pequeña Ema más que cualquier cosa en el mundo.
Pero si alguna debilidad tiene el diablo es que no puede coger cuanto desee sin dar nada a cambio. Necesita que pidan de su ayuda para llevar a cabo… EL PACTO.
Lo intentaba. Cada día. Mil y un trucos para provocar los deseos de los padres de Ema. Mil y una artimañas para conseguir serles necesario. Les tentaba con dinero, con tierras, con poder…Pero lo tenía difícil. Si algo caracterizaba a los padres de la pequeña, era el amor que llenaba sus corazones…nada más necesitaban si se tenían el uno al otro. Pero cuantas veces tu mayor virtud puede ser al mismo tiempo tu mayor debilidad… Aunque poco sabía el diablo sobre el amor, algo tenía claro: el amor movía el mundo.  Tras 7 años tratando de embaucar a los padres de Ema, encontró la manera de llegar hasta ellos…hasta ella. Lo material no les movía…tan solo el amor.
Un día, mientras el padre de Ema trabajaba en el campo, el diablo apareció vestido con sus mejores galas. Llamó a la puerta. Una mujer morena con una sonrisa que él apenas podía soportar, más por envidia que por otra cosa, abrió la puerta y le invitó a entrar. Una vez dentro sacó su arma: “Su marido ha tenido un accidente”. La sonrisa desapareció. “pero…está bien?”. Él negó con la cabeza y se marchó. Ella se derrumbó en el suelo, apretando fuerte su pecho con las manos para que no se le saliera el corazón y se fuera tras él. Un papel cayó de las manos de aquel hombre, monstruo, antes de que se marchase. Ema salió corriendo al oír a su madre y recogió aquel papel. Lo leyó en alto:

“Trato:
Como rey de la oscuridad poseo el don de devolver la vida. Pero todo tiene un precio. El precio por devolver el aliento a tu esposo es el de entregarme a Ema, y su voz. Ambos vivirán eternamente, aunque separados.
Fdo:
________          Devet”

El amor es así…la madre de Ema, pese al terrible dolor que le causaba la decisión, aceptó el trato sin parar si quiera a pensarlo. La pequeña Ema abrazó a su madre y la dijo que la perdonaba, que la entendía. Su madre prometió encontrarla.
En cuanto firmó con una “x” la página, ya que ella apenas sabía escribir, apareció como de la nada Devet, agarró a Ema sin dejarla si quiera despedirse de su madre y se la llevó. A la noche, el padre de la pequeña llegó a casa y se enteró de lo sucedido. Tal fue el dolor y la rabia que le provocó que, tras una discusión con su mujer al no entender su decisión, se marchó de casa…para siempre…
Desde aquel día Ema pasó sus días y sus noches, apenas diferenciadas por la escasez de luz, encerrada en una jaula junto al balcón del Palacio de Devet. Desde allí, podía ver el mundo entero a sus pies, pero nada más. Todo era tan oscuro que decidió descansar durante el día para despertar por la noche, ya que ésta , al menos, estaba iluminada por la luna.  Los primeros años, la pequeña no hacía más que llorar, con lo que se quedaba afónica rápidamente y, en consecuencia, por la noche su voz no conseguía dormir al diablo. De tanto llorar sus ojos fueron perdiendo color, se fueron borrando, hasta pasar de un marrón casi negro a un morado casi transparente. Uno de los días, mientras su captor paseaba por el mundo buscando nuevas presas ya que algo se le había antojado, un pequeño gato negro se acerco a su jaula. “No llores más pequeña” dijo. Ema se asustó y se arrinconó tapándose los ojos. “Yo también lloraba al principio, pero si te acostumbras no se está del todo mal”. Ema levantó la vista y pudo ver que el pequeño y delgado gato negro, tenía los ojos del mismo color que ella! A partir de ese momento, cada día esperaban a que el Señor del Palacio saliera para conversar y así tratar de disfrutar el día juntos: Ema y Nauel.  Nauel era un fantástico contador de historias! De hecho, el motivo de pertenecer al catálogo de adquisiciones de Devet era ese. Devet siempre trataba de conseguir cualquier cosa o persona que fuese capaz de apaciguar su sueño tan repleto de remordimientos y soledad: el mejor contador de historias, las plantas más codiciadas, el mejor violinista…y ahora también, la mejor voz! Así pasaron las horas, los días y los años… Ema perdió el miedo a la oscuridad siempre y cuando tuviera a su amigo cerca. Cuando notaba al miedo apoderarse de su cuerpo, recordaba alguna de las historias de Nauel y en cuestión de minutos su cuerpo quedaba en paz. Aprendió a vivir con lo que tenía: su jaula y Nauel. Y ella llegó a creer que era feliz… a su manera. Pero de vez en cuando echaba un vistazo al mundo y un escalofrío le recorría su menudo cuerpo hasta llenar sus ojos casi transparentes de lágrimas… Porque aunque ella tratase  de adaptarse a aquella vida, no dejaba de estar encerrada en una jaula! Por lo que ella pudo adivinar, Nauel era unos años mayor que ella, y gracias a sus historias o…por culpa de sus historias, Ema conocía el mundo y apaciguaba su curiosidad y sus ganas de ser libre. No se daba cuenta de que, poco a poco, se estaba rindiendo ante la rutina, ante lo conocido, ante lo seguro…de verás jamás se le había pasado por la cabeza tratar de volver al mundo? Que vida tan triste entonces!…segura, pero triste. Fácil, pero triste. Y Ema…Ema no se daba cuenta… o no prefería no darse cuenta. Y el tiempo pasó, y Ema creció convirtiéndose en una muchacha preciosa. Cosa que no pasó desapercibida para Nauel, como tampoco lo hizo para  Devet. Entre Ema y Nauel surgió un vínculo tan sólo comparable con el de dos hermanos a los ojos de ella…tan sólo comparable con el de dos almas gemelas a los ojos de Nauel. Si, la amaba, la amaba por encima de todas las cosas. No eran de la misma naturaleza, pero  la amaba…porque desde cuando el amor se ha convertido en algo preestablecido? Desde cuando los humanos se olvidaron de dejar al amor libre? Cuando lo enjaularon como a la joven Ema? El amor no se puede controlar ni con magia.

Durante el día, Devet comenzó a aplazar sus salidas para sacar a la jovencita de la jaula y que se fuera acostumbrando a Palacio, con lo que sus encuentros con Nauel se fueron haciendo cada vez más distantes. Pero el tiempo te hace a todo, es capaz de curar casi cualquiera de las heridas. Ema aprendió hacía tiempo a olvidar lo que no podía tener para así llegar a ser feliz con lo que le quedaba, y olvidó a Nauel del mismo modo que aquel mundo al que algún día perteneció.
Poco a poco, la apenas inexistente bondad que residía en la piedra que Devet tenía por corazón fue aflorando. El amor es capaz de las cosas más inverosímiles: como conseguir una sonrisa del mismísimo diablo.  El tiempo pasó y…si, Ema terminó por enamorarse del propio diablo. Qué malo es acostumbrarse a lo fácil… Hasta qué punto se trataba de un amor real si no tenía la posibilidad de compararlo con nada más? Aprendió a convivir con el calor abrasador del infierno, con un Palacio que realmente era una jaula, con un ser lleno de remordimientos y maldad, con la oscuridad...con el miedo como amigo. Y Ema fue feliz! Fue feliz de verdad durante algún tiempo…apenas conocía algo con lo que compararlo. Puede que, en algún momento, hubiera llegado al punto de olvidarlo todo, incluso a su gran amigo Nauel.
Llegado el día en que Ema cumplía la mayoría de edad, Devet quiso hacerla un regalo muy especial. “Hoy podrás acompañarme al mundo de los humanos, ya estás preparada, ya eres como yo.” Ema le abrazó. Ella era su compañera, le amaba, y por fin él confiaba en que estarían juntos por toda la eternidad.  Por fin Ema tenía alguien con quien compartir…algo!
Pero las cosas no siempre salen como deseas, sino como están predestinadas a pasar. Ema y Devet bajaron al mundo de los humanos. Se acercaron a una casita donde vivía una humilde familia con dos niños pequeños y por primera vez Ema vio la verdadera cara del diablo que pasaba desapercibida en la oscuridad que reinaba en el infierno. Vio como jugaba con las personas, como hacía tratos con padres desesperados por sanar a sus hijos que carecían de dinero, padres que no tenían nada que llevar a sus familias a la boca, mujeres que perdían a su verdadero amor y destrozadas eran capaces de cualquier cosa… mujeres como su madre, con hijas…como ella… Tal fue la ira que le entró que la sangre subió hasta volver a colorear sus ojos, pero…le amaba! Estaba enamorada del diablo! Así que la joven trató de disimular su dolor hasta que anocheció y regresaron a palacio con un saco lleno de pagarés. Como cada noche, tras recolocar sus nuevas adquisiciones, Devet se acostó y Ema alzó su voz a la luna para ayudar a su amante a conciliar el sueño. Al rato se recostó a su lado. La noche pasaba y Ema no era capaz de dormir, tenía calor, mucho calor…Ardía. Pensó que era la cercanía del Señor de los infiernos, que debía rodearse de calor para no sucumbir al frío de su corazón, así que se levantó y salió al balcón…ese balcón donde tanto tiempo pasó mirando el mundo del que había sido arrancada tras unos barrotes. Ese mundo al que había renunciado hacía tiempo ya, en un principio por miedo, después por costumbre y, por desgracia, ahora por amor. Una lágrima resbaló por su mejilla. Sus ojos se inundaron y ella los frotó para conseguir ver una sombra que la miraba desde el abajo…era un joven delgado, vestido con un traje viejo de color negro. “Quién eres?” preguntó. “En serio no me reconoces? Tanto tiempo ha pasado?” el joven dio un paso, con las manos en los bolsillos, para dejarse ver a la luz de la luna. Ema le miró y vio esos ojos de color tan peculiar que nadie más tenía. “Eres tú?”preguntó con la voz entrecortada. “de veras eres tú?”. Nauel sonrió como solo él sabía hacer. “él ya no me necesitaba, te tenía a ti. Rompió el hechizo”. Todos los sentimientos que dejó escapar cuando su fiel amigo desapareció volvieron de golpe, atropellándose unos con otros hasta doler. Qué engañada había vivido! De veras puede ser amor algo que jamás ha sido libre? De veras ella se había enamorado del diablo? Necesitaba comprobarlo. Necesitaba decidir por ella misma. Pasó la noche hablando con su amigo, que le traía noticias de sus padres, de cómo era el mundo allá afuera, de cómo era ser libre, hasta que consiguió dormirse. A la mañana siguiente, Ema se acercó a Devet y le dijo: “Hay algo que deseo y quiero llevar a cabo un pacto contigo”. Le entregó un papel donde ponía:
Trato:
Te entrego mi voz a cambio de mi libertad
Fdo.-
Ema.      ________”
Devet entró en cólera, agarró a Ema del brazo y la encerró en su jaula de nuevo. Ella lloró y yo, noche tras noche y día tras día. Hasta perder su voz, hasta perder el color de sus ojos, hasta quedarse sin lágrimas.
Puede que sí, que el diablo sea humano en el fondo, que sea capaz de amar. Igual simplemente es alguien que ha decidido no volver a sufrir. A lo mejor no es más que una persona, como tú, como yo, que ha nacido con un corazón demasiado delicado al que adjetivan de “helado” por lo frío cuando realmente es por lo…frágil! Igual él fue libre para elegir en algún momento y…se equivocó, decidió no sentir nada por MIEDO. Acaso alguien tiene derecho a juzgar eso? No se puede tener como valor la libertad si luego no se la respeta…
Una de sus noches en vela se levantó de la cama y se acercó a la jaula de la pequeña Ema. Ella dormía, con el ceño fruncido y su fino y casi inexistente camisón. Entró en la jaula y la acarició la cara, ella relajó el ceño. Se acostó junto a ella…la echaba tanto de menos! Ella abrió los ojos y las lágrimas cayeron de sus ojos. Se acerco a él y le besó en los labios. Hicieron el amor como tantas veces y él volvió a su cama, pero esta vez no cerró la jaula. Había una nota junto a Ema
“Trato:
Te entrego mi voz a cambio de mi libertad
Fdo.-
Ema.       Devet.”
Al despertar Ema no estaba, tan solo una carta en la que le daba las gracias por darle la libertad y le explicaba que necesitaba decidir por ella misma.
Desde la partida de Ema y a pesar de haber dejado su maravillosa voz como prenda, Devet no consiguió volver a dormir, y un día, decidió volver al mundo a buscar a su amada. Nada más poner uno de los pies en el suelo fuera del castillo sin buscar algo a cambio, el corazón de Devet comenzó a derretirse por todos los sentimientos que se acumulaban en su cuerpo. Volvió a recordar el motivo por el que vendió su alma al diablo…
Ema, sin embargo, no echaba en falta su preciada voz, ya que su compañero del alma, Nauel, hablaba por ella en la búsqueda incesante de su padre. Necesitaba contarle todo lo que realmente ocurrió cuando el diablo apareció en su casa, para que volviera con su madre y vivieran siendo la gran familia que apenas recordaba. Hacía mucho frío! Ella llevaba años alimentándose por el calor del fuego… Pasó mucho tiempo siguiendo los pasos de su padre por todo el mundo hasta que, finalmente, en una pequeña posada, bastante cerca de aquel palacio en el que se crió, alguien reconoció a aquel hombre que pasó su vida tratando de recuperar a su hija perdida. Por desgracia su padre ya no estaba en ese mundo, pero dejó algo para ella, una carta. Ema la abrió y leyó:

Trato:
Te libero de tus sentimientos, de todo sufrimiento, a cambio de que intercambiemos nuestras vidas. Tú serás el diablo y yo volveré a ser humano.
Fdo.-
Devet.      Samael.”
Samael era el nombre de su padre! Su padre fue el mismísimo diablo, que en uno de sus paseos por el mundo de los mortales se enamoró de su madre y buscó a un pobre desdichado que cayera en su trampa. Un pobre hombre que prefiriera no sentir nada a volver a sufrir. Un hombre que desde que ella marchó pasaba las noches en vela a pesar de estar acompañado de la melodía más hermosa que existía…No era su voz, era ella la que calmaba su alma! Y Ema oía sus lamentos cada noche, desde cualquier rincón del mundo. Y un pedacito de su corazón se hacía añicos cada vez que se daba la vuelta para continuar su camino. Según pasaban los días Nauel se daba cuenta de que la joven Ema iba perdiendo su calor junto con su corazón. Era presa de su libertad! “Ema, vuelve con él” la dijo una de las noches mientras la abrazaba fuerte para hacerla entrar en calor. Ella no dijo nada, no porque no tuviera voz, sino porque sabía que realmente eso era lo que su corazón le pedía. A la mañana siguiente Nauel la abrigó con todo lo que llevaba, la dio un papel y un lápiz y la dijo “vamos a volver al Castillo, aquí no puedes vivir”.  Con estas palabras al propio Nauel se le rompió el alma reconociendo que Ema jamás le amaría como a él. Caminaron y caminaron, pero su delicado cuerpo no era capaz de aguantar el frío. Antes de desvanecerse en el suelo trató de invocar al diablo, pero…no tenía voz! Y allí quedó, tumbada y casi helada a los pies del infierno. Nauel trató de hacerla entrar en calor de cualquiera de las maneras. “Ema, solo unos pasos más…allí entrarás en calor”. Ema no contestaba. Nauel cogió su mano y trató de ayudarla a escribir en aquel viejo papel que hacía de herencia de su padre. Tenía las manos heladas! “Amor, tan sólo tienes que invocarle…” No hubo respuesta.
Lo que ocurrió a partir de ese momento nadie lo sabe, pero Ema…Ema vive en aquella humilde choza de la que un día fue arrancada. Encontró el calor suficiente para sobrevivir en el mundo al lado de un “hombre” que reservó todo su amor durante casi una vida.
Nauel…Nauel observa desde aquel balcón de esa jaula de fuego donde durante algún tiempo llegó a convertirse en narrador de las más bellas historias. Desde ahí busca algún pobre desgraciado que sea capaz de cualquier cosa por…amor. Que sea capaz incluso de:  pactar con el mismísimo diablo.
                                                           Trato:
Te libero de tus sentimientos, de todo sufrimiento, a cambio de que intercambiemos nuestras vidas. Tú serás el diablo y yo volveré a ser humano.
Fdo.-
Nauel.     Devet.”
Desde el principio de los tiempos, muchos son los nombres que se le han dado: Lucifer, Satanás, Belial, Damian, Jaldaboth, Dios del siglo, Padre de la Mentira, Antigua serpiente, Gran Dragón, Bestia, Satán, Divell, Samael, Devet…Nauel…: EL DIABLO. Al oir cualquiera de estos nombres un escalofrío recorre nuestro cuerpo, imágenes oscuras atacan nuestra mente. Muchas veces incluso lo utilizamos para definir a alguien frío y cruel…y si el diablo y toda la oscuridad que le rodea tan sólo fuera una simple persona que nació con el corazón demasiado débil como para soportar un amor demasiado fuerte y necesita esconderse del mundo a pesar de ansiarlo cada minuto?

martes, 26 de abril de 2011

Ludópatas de la vida... (2ª parte de "Jugamos??")

 En el fondo tan sólo somos…unos Ludópatas de la vida.

Si le das una presa, el león de circo cazará. Si le abres la puerta, el pájaro se irá. Si juegas…sentirás!  Sufrirás, llorarás, pero tras cualquier pequeño triunfo…querrás volver a jugar.

Mi juego comienza cuando cierro los ojos, en cualquier lugar y en cualquier momento. Decido que estoy cansada de la rutina. Decido que estoy cansada del miedo que se empeña en paralizar mis sentidos. Y sé que es en ese preciso instante, cuando entro en mi juego,  el momento en que puedo ser quien yo quiera y hacer lo que yo desee o…cuando puedo ser yo en toda mi esencia.

Entonces me convierto en princesa presa, en vagabunda, en una mujer gladiadora, en un hada nocturna, en princesa de las tinieblas…y, elija lo que elija, siempre estás tú: mi pequeño gigante…has decidido jugar conmigo y no te voy a dejar escapar. Porque sin ti no hay juego. No me gustan los solitarios, nunca he sido capaz de ganarme a mí misma, demasiado…¿tramposa?

Y hoy…hoy quiero ser yo el diablo. Hoy no soy la que mueve las fichas blancas, no soy pequeña ni frágil. Hoy soy una amante del diablo a la que le han dado el poder de guiar tu alma por una sola noche. Si ese poder lo hubiera tenido cuando era inocente y miedosa…pero es que solo el diablo dispone de él!

Juego con tu alma, tú hoy no juegas… decido quitarte la luna, esa que acalla tus lamentos, y te vuelves débil al momento. Me encanta la noche. No hay luz que te guíe sin ese astro tan codiciado. Así que tan sólo puedes guiarte por mí, hasta mí. Y llegas a un pequeño castillo que nada tiene que ver con tu gran palacio dorado. Un castillo que más bien se asemeja a tus mazmorras. Las enredaderas cubren las piedras de mi hogar siniestro. Por el camino tus ojos se han ido acostumbrando a la oscuridad y eres capaz de ver la gran puerta de madera. No quieres entrar, deseas con todas tus ganas volver a tu luminoso palacio custodiado por la inmensidad de la luna. Pero echas la vista atrás y no encuentras camino alguno. Desesperado buscas refugio en los arbustos cercanos, no quieres entrar…no quieres sentir…
Pero no te has dado cuenta de que yo estoy en lo alto del ruinoso torreón. Esta vez puedo mirarte desde arriba aun siendo diminuta a tu lado. Y muevo tus hilos desde esa posición porque al fin he aprendido como puedo llamar tu atención. Hay algo que solo puedo darte esta noche. Con un giro rápido de muñeca alzo tu brazo para que golpees la puerta. Tiras fuerte en sentido contrario para escapar, pero no te has dado cuenta de que los hilos están hechos de alambre…fuiste tú el que me enseñaste que la dureza a veces es como esa tirada de dados que te hace ser el vencedor! Maestro de juegos superado por su alumna.

Llamas con fuerza, ¡la lucha es lo que tiene!…Y la puerta se abre. Atemorizado te tapas los ojos para no ver lo que te espera al otro lado. Giro de muñeca de nuevo y tus manos te dejan sin escudo. Mi risa suena hasta doler. Pero no soy el diablo amor, tan sólo una de sus amantes, ¿acaso no ves la diferencia con tanta oscuridad rodeándonos? Tan solo debes dejarte llevar, sentir…

Tras la puerta una luz lo invade todo, hasta el punto de alumbrar desde dentro de mi castillo tu camino de vuelta al gran palacio. Sólo tienes que girarte y…huir! Es fácil!

Suelto tus cables, los dejo caer. Eres libre pequeño gigante! Pero no te vas. No puedes irte ya que esa inmensa luz te atrae como si de tu polo opuesto se tratase. Notas como dejas de ser mi títere para ser el suyo. Tratas de entrar, pero…eres demasiado grande. Apenas cabe uno de tus brazos por la puerta. No dudas en meterlo para intentar alcanzarla.  “Ey! Pequeño gigante! No es tan difícil…” grito desde lo alto. Miras hacia arriba y me ves, tan blanca como siempre. Con solo mirarme a los ojos sabes de sobra lo que tienes que hacer. Tan sólo tienes que soltar algo de peso! Dejar salir todo el  calor, cariño, amor, lágrimas y corazón que guardaste de más en tu cuerpo cuando eras humano, a sabiendas de que ese cuerpo convertido en saco podía estallar en algún momento. Tan solo compartir alguno de tus sentimientos. Nada más. Así de sencillo y de complicado al mismo tiempo.
Tratas de abrir la boca, pero algo te lo impide. Esta vez no son mis cuerdas… Tampoco eres mudo, aunque hayas aprendido a vivir de ese modo. Lo que te falta realmente es valor…o algo que merezca la pena lo suficiente: La luna. Tienes la luna a tu alcance, a tan solo unas palabras, pero no puedes.

Metes tu brazo por la puerta y tratas de cogerla. Con la fuerza que haces mi castillo comienza a desquebrajarse, es viejo y está dañado. “maldito cabezota!” grito desde arriba. Son las seis y 17 de la mañana y el sol va a salir. Mi pacto con el diablo termina aquí. Lloro de impotencia por no haber alquilado mi alma por una noche más. Lloro de impotencia por no haber conseguido en esta noche que cruzaras la puerta. Me miras, pero no dices nada. Jamás dices nada! Vuelves a intentar llegar hasta tu luna, con más fuerza esta vez. Algunas rocas del torreón caen sobre tu espalda pero ni te enteras. Tu cuerpo no siente algo tan pequeño. Sale el sol. Un día nuevo. Bajo la luz el castillo tiene un encanto especial. Está cubierto de un manto verde decorado por lágrimas del rocío. Ya no se parece a tus mazmorras, más bien a tu precioso jardín. De pronto sientes algo frío sobre ti, gotas. Miras a lo alto del torreón pensando que son mis lágrimas, pero…el torreón ya no está. Lo tienes alrededor tuyo hecho añicos. Simplemente está lloviendo.

Ahora sí. Dejas de intentar alcanzar la luna y comienzas a apartar rocas que son como granos de azúcar en tus manos. Ves mi vestido negro asomar por un agujero. Está empapado, pero no por la lluvia…por tus lágrimas! ¿Así que resulta ser cierto eso de que no te das cuentas de lo que tienes hasta que lo pierdes? Te haces tan pequeño en tan poco tiempo… Tus lágrimas se mezclan con tus palabras que salen atropelladas tras años de silencio. Pareces tan frágil…eres como un niño, perdido. Ya no necesitas tu gran Palacio de oro, ni tu grandiosa luna. Tan sólo necesitas descansar un poco. Ser humano es agotador. Miras hacia la puerta. La maravillosa luz sigue ahí dentro. Entras. Ya cabes…de sobra. Desnudo, sin tus grandes ropas, sin tus joyas, sólo tú. Humano. Pasas por delante de la luz tapando el reflejo que es demasiado intenso. Comienzas a subir las escaleras. Notas tu corazón palpitar, vuelves a estar vivo.

“Ey! Pequeño gigante!” grito. Te das la vuelta sorprendido, pero tanta luz no te deja verme. “¿Acaso no quieres aquello que tanto ansiabas?”.  No esperaba contestación alguna, me había acostumbrado a tu silencio. “No es la luna lo que ansiaba. Ni tesoros, ni palacios…Te deseaba a ti, pero eras demasiado pequeña para poder verte, o yo…demasiado grande”.  De pronto la luz desaparece y apartas tu brazo de tu cara. Me acerco y te beso. “Mi nombre es Luna”. Apenas eres unos centímetros más alto que yo. “Yo soy Eduardo”.

Una partida siempre es imprevisible. Cada uno gana a su manera. Algunos simplemente aprenden a jugar. Tenemos la fea costumbre de dejar de jugar la vida cuando dejamos de ser niños. Cuanto más grande es lo que podemos ganar, mayor es lo que nos arriesgamos a perder…nos volvemos cobardes. Para un humano no jugar la vida, es como tener a un pájaro enjaulado o un león en el circo. Se acostumbran ya que no conocen otra cosa, pero sus instintos están ahí y jamás desaparecerán.
Si le das una presa, el león de circo cazará. Si le abres la puerta, el pájaro se irá. Si juegas…sentirás!  Sufrirás, llorarás, pero tras cualquier pequeño triunfo…querrás volver a jugar.


En el fondo tan sólo somos…unos Ludópatas de la vida.

martes, 29 de marzo de 2011

Eclipse...


Shhh….te lo cuento bajito, para no despertarte. Los secretos tan solo se cuentan mientras la otra persona duerme para que al despertar no sea capaz de diferenciar lo que es real de lo que no. Te voy a contar un cuento, al oído, susurrando cada palabra para que pueda llegar hasta tus sueños sin apenas molestarte.

¿Sabes que tan sólo dos días a lo largo de todo un año los astros se alinean para cubrir el mundo de oscuridad? Eclipse lo llaman. Y cada 50 años, bajo la influencia de la luna en todo su poder, haciéndose dueña del sol por tan sólo unos minutos… nace en el mundo un bebé marcado con una doble luna sobre su piel. Alguien que está destinado a vivir tan solo conforme a sus impulsos. Alguien que no será guiado por el sol y la luna como el resto. Que no conoce el equilibrio entre razón y corazón tan necesario para vivir en armonía. Igual has oído hablar alguna vez de que los humanos nos regimos por dos cerebros: el racional y el emocional que, normalmente, se compensan entre sí. Éste bebé es distinto. Este bebé nace en un cobertizo de un pequeño pueblo, y es una niña. Su nombre es Nalu. Su característica principal, como ya has podido imaginar, es que ha nacido para vivir en la oscuridad, guiada tan solo por la luna. No puede ver la luz del sol. Su tez es tan blanca como la niebla, y sus ojos de un verde tan intenso que incluso en la más completa oscuridad se puede apreciar su color.

Mientras todos sueñan, como haces tú ahora, ella vive en soledad. ¡Pero no te pongas triste! Ella no conoce otra manera de vivir y ha aprendido a ser feliz y así seguirá hasta que no tenga nada más con que compararlo. ..Nalu creció acompañada tan sólo de un búho que su madre compró para que cuidara de ella por las noches y no se sintiera tan sola. Todas las noches, al ponerse el sol, Nalu salía del cobertizo a jugar en el jardín. ¿Sabías que en la noche miles de criaturas salen al mundo para mostrar su verdadera forma? Y resultan ser los seres más extraños y vulnerables, aquellos que no se atreven a mostrar su verdadera naturaleza a la luz del día. Nalu no era una de ellos, tan sólo era una joven que nació para ser guiada por su lado más emocional y visceral. La jovencita pasaba las noches disfrutando cada segundo y cada minuto de las sensaciones que guardaba la penumbra; el olor de la hierba recién regada, el canto de los grillos, la luz de las estrellas…Conocía cada sonido de la noche, y conocía también cada animal o ser que vagaba por la oscuridad.

Poco a poco, Nalu fue adquiriendo un gran don…consiguió llegar a ser una de las mejores contadoras de cuentos que podría haber existido. Pero claro, los cuentos se narran antes de dormir y ella…no tenía a quien contárselos a parte de las criaturas de la noche, con quienes compartía su vida.

Tras los años consiguió como aliados a los lobos, que le enseñaron a utilizar su rabia para cazar; a las luciérnagas, que le mostraron como hacer de su ansiedad una forma de buscar el camino en la oscuridad; a los murciélagos que le ayudaron a no perder jamás el rumbo; y a los petauros, que le educaron en la habilidad de esconderse entre las sombras;

Una noche de luna llena, mientras Nalu narraba uno de sus cuentos nuevos, escuchó por primera vez ¡un sonido que no era capaz de reconocer! Pidió silencio a sus espectadores para atender bien aquel extraño ruido y poder averiguar de dónde provenía.

-“shhhh…”.- susurró la jovencita.

La noche se quedó en completo silencio y Nalu escuchó de nuevo aquel sonido. ¡Venía de detrás de la verja del jardín! Salió corriendo, se asomó de puntillas y lo vio. Algo se escondía tras la maleza del otro lado del jardín. ¡Pero ella no podía salir de aquel jardín! Su madre la enseñó desde bien pequeñita que lo que había al otro lado no era para ella. Le estaba prohibido salir de aquel lugar. Como ya te conté al principio de nuestro cuento…mientras Nalu no conociera nada más, sería feliz con su vida de noctívaga.

Nalu dudaba. Recorría el cerco que marcaba la valla de un lado a otro, nerviosa. Pero poco tardó en decidirse. Su naturaleza afloró, y su sangre comenzó a recorrer su cuerpo con fuerza. La pasión se apoderó de ella. Su corazón se aceleró hasta el punto en que sus fuertes latidos consiguieron acallar las voces de su lado más racional y, finalmente , saltó la valla y comenzó a explorar…el exterior. Siguió el camino de tierra que había tras la valla. En cuestión de minutos, ante ella, apareció un pequeño pueblo. Un pueblo que contaba tan sólo con una calle decorada de pequeñas casas a ambos lados y una especie de cobertizo al fondo de ella. Parecía un pueblo abandonado. Todo estaba oscuro y en silencio. Nalu se acercó a la primera casa del camino y se asomó por una de las ventanas. ¡Una pareja dormía abrazada! Pero…!qué forma de desperdiciar un abrazo! Pensó Nalu. Se quedó un rato observando a la pareja, en silencio, y de pronto pensó: “ya sé lo que están haciendo…!están compartiendo sus sueños!” ¿Podría haber algo más bonito y mágico que eso? Nalu fue casa por casa observando detenidamente tras las ventanas. Bebes soñando con ríos de leche, niños aplacando sus terrores con tenues luces, una niña que duerme entre sus padres…y tú. Al final de la calle estabas tú. Llamando la atención en esa noche tranquila con tus quejidos cortantes, con tu voz oscura.

Estabas despierto. Bajo la cálida luz de las velas tu espalda. Mirabas un bloque de madera. Cientos de objetos llenos de magia se repartían por toda tu habitación, pero tu tan solo mirabas aquel trozo de madera grande que tenías frente a ti. Nalu pasó las horas mirándote y algo despertó en su interior. Por primera vez sus instintos hacían mella en su interior, tal y como la advirtieron que sería su condición. Pasaron las horas y te acostaste. Cuando llevabas tiempo dormido y ya estabas inmerso en tus sueños Nalu entró en tu cuarto, guiada tan sólo por sus impulsos. Se acercó a ti, y te miró con detenimiento. Eras hermoso. Irradiabas pasión por todos tus poros. Pero…!no tenías paz en tu interior! Nalu se tumbó junto a ti, sintiendo tu aliento cálido sobre sus labios, os separaban apenas dos milímetros...

Pasaron las horas y algo debías estar soñando para que tu gesto se endureciera de aquella forma. Nalu se moría de ganas de abrazarte, de acariciarte para apartar tus pesadillas, pero no podía. Se le ocurrió algo para apaciguar tus sueños: te contaría uno de sus cuentos… Comenzó a susurrar una de sus historias hasta que tu gesto se relajó.

Día tras día, ¡perdón!, noche tras noche, Nalu esperaba a la puesta de sol para salir a toda prisa hacia el pueblo y, escondida entre las sombras, observarte mientras trabajabas. Aquel trozo de madera comenzó a esculpirse. Lo arañabas con fuerza. Nalu miraba ensimismada tus brazos y tu pecho al descubierto, congestionados por la fuerza con la esculpías tu trabajo. El pelo caía sobre tu frente, empapado en sudor. Y, noche tras noche, Nalu se acostaba frente a ti y te contaba uno de sus cuentos mientras admiraba toda la belleza que tenías encerrada.

Así, la joven decidió quedarse junto a ti cada noche para velar por tus sueños. Esperaba a que te acostaras para tumbarse a tu lado y, sin ni siquiera rozarte, susurrarte al oído uno de sus cuentos.

Pasó el tiempo y una de las noches en que Nalu se acercó a tu taller se sorprendió al verte durmiendo tan temprano. Echó un vistazo a la habitación y pudo ver que el gran bloque de madera estaba tapado con una sábana. Habías terminado y dormías en paz, tranquilo. Ya no la necesitabas… Nalu se dio la vuelta y volvió a su cobertizo. El alba se acercaba y por primera vez en su vida un calor abrasador le quemaba por dentro, su sangre ardía…sus instintos la llamaban. ¡Necesitaba la noche para poder respirar! Y aún le quedaba todo un día por delante…

¿No has oído nunca que siempre queremos lo que no podemos tener? Es cierto, es algo que nace con nosotros, y Nalu ansiaba acostarse junto a ti más que nada el mundo. Finalmente se durmió al salir el sol, su cuerpo la abandonaba al alba, pero le sacudía una especie de ansiedad que transformaba sus sueños en pesadillas. Sudaba, pataleaba, su respiración se entrecortaba, y entonces…una bocanada de aire entró por su boca y la llenó de paz.

-“shhhh…te lo cuento bajito, para no despertarte…” me susurraste al oído antes de besar mi cuello. Lo intenté, con todas mis fuerzas, pero no fui capaz de despertar..El día no era para mí. Tan sólo con la luna en todo su poder, haciéndose dueña del sol por apenas unos minutos…conseguí abrir los ojos y verte. Sin apenas mediar palabra me convertí en lo que era y saqué de ti toda la pasión que ponías a tus trabajos. Nos convertimos en uno sólo. Todo era instinto, fuego, pasión… Y a partir de esa noche decidimos vivir de esta manera: tu velarías mis sueños con secretos por el día y yo los tuyos con mis cuentos por la noche, para esperar así nuestro momento, tan breve pero intenso. El momento en que la noche y el día se unen, en que tu astro y el mío se ansían de tal forma que nada puede luchar contra nuestra atracción. Dos días a lo largo de todo un año. El momento en que los sueños se llevaban a la realidad, sin secretos, sin susurros, sólo tú y yo. Noche y día en plena armonía.

“shhhh….despierta amor…tenemos unos minutos…”.

lunes, 21 de marzo de 2011

Proyecto MarionaBD

Buenas a todos!!

Os comento un poquillo...Voy a tratar de llevar hacia delante un proyecto cargado de ilusión. Busco toda clase de artistas: escritores, fotógrafos, locutores, músicos, estilistas, ilustradores, decoradores....todo vale! Lo que pretendo es sacar un tema cada 4 meses para que tengáis tiempo de preparar vuestras propuestas y, hacer una exposición (o varias) con lo que queráis presentar para daros a conocer...Eso sí, los proyectos siempre tendrán que llevar la estética de Mariona BD. Mariona BD pretende resaltar la belleza de lo oscuro (ála, ahí os dejo eso...jajaja). Se pueden presentar fotografías, muñecos, comics, dibujos, maquetas, canciones, cortos, anuncios, textos, cuentos, poemas, videos, audiocuentos, vestuario....cualquier cosa vale!!

Lo que vendamos de las exposiciones irá destinado a dos posibles causas:
1. Conseguir financiación para crear un escuela de Educación Infantil con Integración para niños discapacitados y un área de Atención Temprana (para conseguir calidad de vida desde su nacimiento) en la zona Noroeste de Madrid.
2. Donar el dinero a centros de Atención Temprana.

La primera temática a llevar a cabo será Dark Caperucita. Y pretendo presentarlo en el mes de Junio. A pensar!!!!

Un besooooo.

http://www.facebook.com/pages/Mariona-BD/110653965681794

Contacto: marionagabarra@hotmail.com

viernes, 4 de marzo de 2011

jueves, 27 de enero de 2011

Poema para un sólo actor....

http://www.lanocheintermitente.com/2011/01/20/poema-para-un-solo-actor-de-elio-gonzalez/

miércoles, 12 de enero de 2011

La Princesa Cobarde...







El Ave Fénix, conocido como “Pájaro de Fuego” se parece en forma y tamaño a un águila. Se dice que muere cada 500 años para luego renacer en toda su gloria. Se dice también que sus lágrimas son curativas.

He aquí su leyenda:

Érase una vez una princesa que vivía encerrada en un faro. El faro era el más alto del mundo, y estaba en el pico más alto de la montaña más alta, casi tocando el cielo.

Lunática, la princesa de nuestro cuento, se quedó sola cuando era muy pequeña, tan pequeña que tan sólo recordaba a sus padres por una fotografía que guardaba bajo su almohada de esparto. Como era incapaz de salir de aquel faro, se acostumbró a dormir sobre ella…

Sigamos con su historia.

Lunática vivía con el viejo Guardián del Faro, al que no pondremos nombre para no darle más importancia de la que se merece. Un hombre cubierto de maldad de abajo a arriba. Muy viejo, porque en el pueblo no se recordaba un guardián anterior a él. La pegaba unas palizas que la hacían permanecer en cama durante días. El viejo siempre decía que los padres de Lunática la abandonaron cuando era un bebé en aquel faro, y que ella debía estarle agradecida por cuidarla cuando nadie más lo hizo. Pero todos sabemos que cuando alguien hace algo por ti de corazón, no pretende que se lo agradezcas, sino que lo disfrutes…

Nuestra princesa estaba a punto de cumplir 16 años, edad en la que pasaría a ser la esposa del Guardián. Ella lo asumió sin protestar ya que sabía que, si no salía de aquel faro, jamás conocería el amor más allá de lo que le proponía el viejo…y ella era incapaz de salir de allí. Sufría de vértigo! O, al menos, eso le dijo el malvado Guardián. Le contó que sus padres la dejaron en aquel faro por eso, porque sabrían que jamás sería capaz de salir a buscarles. Se decía por el pueblo que, ella era la hija de los Reyes de Altiria, una hija tan esperada que, al nacer, tantas eran las ansias de su madre por tenerla entre los brazos, que al cogerla, la niña cayó al suelo y, desde entonces, sufría el mal de las alturas… que por eso la abandonaron, porque era demasiado débil para ser princesa.

La Princesa Cobarde pasaba las horas leyendo cuentos de princesas y príncipes. Y soñaba con que algún día, un príncipe azul vendría a rescatarla.

Una tarde, mientras Lunática limpiaba un espejo del recibidor del faro, pudo ver reflejado la puesta de sol por primera vez. Era la imagen más bonita que había visto en su vida! Se fijó con detenimiento en la escena y pudo apreciar alguien que la miraba desde ahí. Desde tan lejos no podía reconocer las facciones de quien la observaba, pero era azul! Y tan sólo los príncipes son azules! Tan sólo tenía que encontrar el valor suficiente para subir las escaleras del faro. El primer escalón fue el más difícil de superar. Nunca has sentido algo parecido? Estás al borde de un barranco y quieres saltar al mar, como han hecho los demás. Pero te da miedo! Es un miedo normal, tan sólo un subidón de adrenalina que se puede disfrutar… sabes que cuando des ese paso ya no habrá vuelta atrás y eso lo hace más emocionante. Entonces, cuando estás decidido y nada puede pararte, cuando sacas agallas suficientes para dar ese paso, ese único paso… saltas! Y es en ese justo instante cuando tu miedo llega al nivel más alto, justo cuando estás en el aire y sabes que ya está hecho.

Lunática subió aquel escalón! El resto no podrían con ella si no lo hizo el primero! Así que siguió subiendo…Pero nos olvidamos de que hay algo más poderoso que el miedo, algo que es capaz de paralizarte en un segundo, de atarte el alma con la soga cruel…la falta de confianza en uno mismo. Tan solo cuatro palabras bastaron para que Lunática quedara congelada en el séptimo escalón: “Sabes que no puedes”. El Viejo Guardián entraba por la puerta. La Princesa Cobarde salió corriendo a su habitación, y allí pasó los días llorando. Dicen que cuando nacemos tenemos un número de lágrimas contadas para utilizar en nuestra vida…Lunática debió gastarlas todas durante los siguientes días en que intentó subir ese tramo de escaleras que la llevaría a ser libre. Cuando consiguió recuperarse siguió leyendo y fantaseando con su mundo de princesas, ese que le estaba predestinado pero al que no la permitieron pertenecer. Y como cada uno nace con un fin, una meta, y la de Lunática era la de convertirse en princesa del reino más alto del mundo, un día, empujada por lo que se suele llamar “destino” sin pensarlo dos veces salió de su habitación y subió corriendo a lo alto del faro.

Lunática miró hacia todas partes, pero su príncipe no estaba. Trató de echar un vistazo al pueblo que tenía bajo sus pies pero empezó a marearse y trató de volver a entrar al faro. La puerta estaba cerraba. El viejo Guardián se encontraba al otro lado del cristal y la dijo: “Permanecerás ahí hasta el día de nuestra boda. Ya te advertí que no podrías estas ahí fuera”. Lunática, muerta de miedo comenzó a llorar, pero de sus ojos ya no brotaban lágrimas, las había gastado. Se hizo de noche y el viejo Guardián la dio un mendrugo de pan, agua, y una manta. Allí paso la noche.

A la mañana siguiente un canto que jamás había escuchado la despertó. Mientras conseguía adaptar la vista cegada por el amanecer comenzó a ver esa figura de color azul que descubrió mientras limpiaba el espejo. Era un pájaro! Un raro pájaro con una larga cola llena de plumas de colores y rodeado como de un aura azulada. Y era enorme! Razón más que suficiente para confundirle con un príncipe azul…

El pájaro la preguntó porqué estaba ahí arriba y ella le contó su historia. El pájaro rió al saber que aquella muchacha le había confundido con su príncipe azul. “Se nota que no sabes como es el mundo de ahí fuera” le dijo a Lunática. “Ahí fuera los príncipes ya no existen, ni los cuentos, ni la magia”. A lo que Lunática le respondió “Eso es algo que no creeré hasta verlo con mis propios ojos”.El pájaro volvió a reír y la preguntó si de veras quería verlo. Ella afirmó. “Súbete encima de mí y volaremos por todo el mundo”. Ella aterrorizada le dijo que no podía! Sufría de vértigo! El pájaro la contestó:

“El vértigo no es más que el miedo a estar lejos del suelo, y a veces eso en la vida resulta agradable.”

Y decidió darla tres días y tres noches para pensarlo y tomar una decisión en firme. Justo los días que faltaban para formalizar su matrimonio! Nuestra princesa Cobarde pasó los 3 días tratando de asomarse y mirar abajo, pero no pudo, con lo cual pensó que sería mucho más imposible volar para ella. Pero eso de que ya no habían príncipes en su mundo…tenía que verlo para creerlo!

Al amanecer del tercer día apareció el ave de nuevo. Lunática le dijo nada más verle “si, quiero ver el mundo”. “hay otra cosa que no te dije el otro día” dijo el pájaro. “Si decides ver el mundo tan sólo podrá ser durante tres días, ni uno más.” Lunática se quedó pensando unos instantes y le contestó que no la importaba.

Lunática subió al lomo de su amigo el pájaro y juntos se fueron a recorrer el mundo. Lunática pudo sentir el viento en su cara, la lluvia salpicándola, el calor abrasador del sol, las personas, animales, plantas…todo lo que constituía aquel mundo que ella no conocía. El tercer día, por la noche, el pájaro la dejó en lo alto del faro y la preguntó “¿ves como el mundo no es lo que creías?” y ella le contestó “no, es mucho mejor de lo que imaginaba. Los que sois libres no sois capaces de valorar lo que tenéis. No hay príncipes, pero hay buenas personas que se sacrifican por los otros. No hay magia, pero que es más mágico que los sentimientos que se comparten en ese mundo. No hay cuentos, pero cada uno tiene su historia, diferente, única, acaso eso no son cuentos?”.

El pájaro se fue y Lunática encontró la puerta abierta. Bajó a su habitación con la intención de recoger sus cosas y salir de aquel faro a vivir en el mundo al que pertenecía, pero…eso no era lo que el destino le tenía preparado.

El viejo Guardián entró en su habitación lleno de ira ya que Lunática desapareció el día de su boda. La pegó y al ver que no salían lágrimas de sus ojos se enzarzó con ella porque pensaba que era una forma de insultarle. La cogió por el brazo y la arrastró, ya que no podía moverse, a lo alto del faro. La asomó al acantilado y la dijo “Quieres vivir ahí de veras? Pues la única forma que encontrarás será saltar al vacío”. Lunática, sacando la poca fuerza que le quedaba se soltó de sus manos y le contestó “Prefiero saltar y ser libre que toda una vida aquí encerrada”. Y saltó. La Princesa Cobarde saltó al vacío.

Pero no, no habréis pensado en ningún momento que ese sería el final de nuestra princesa verdad? Esto es un cuento. Cierto es que no se trata de un cuento de duendes felices que pasean saltando y cantando pero, jamás, ni tan siquiera en la realidad, se escribiría un final tan duro para una persona tan VALIENTE.

Cuando el viejo Guardián se asomó para divisar el cuerpo de la joven, no vio nada! Excepto un pájaro algo raro que se marchó volando. Era ella. La princesa había sido recompensada con una segunda vida en forma de ave, para poder cumplir la misión que en realidad le correspondía por nacimiento: Velar por su pueblo. Y lo haría así, desde las alturas, para poder vigilar cada rincón y ayudar a almas que, como la suya, necesitaban alguien que les guiase y que les enseñase a creer en sus posibilidades.

Cuando la Princesa se acercó al viejo Guardián, le miró a los ojos y comenzó a llorar. Ella que había gastado todas sus lágrimas! Una de esas lágrimas cayo sobre el pecho de él y de pronto, el viejo se arrodilló y empezó a suplicarla perdón como un niño pequeño. Las lágrimas de la Princesa habían curado el alma de aquel viejo. Y, desde aquel día, nuestra pequeña Princesa Cobarde viaja por los cielos usando sus lágrimas de mejor manera que cuando era humana, curando almas y ayudando a quien lo necesita. Ella es un… “Pájaro de Fuego”.

Sus padres creyeron que era demasiado débil para reinar, el viejo Guardián pensó que era demasiado cobarde para salir del Faro, pero en mismo instante en que ella creyó en sus posibilidades se convirtió en Princesa de los cielos, y tuvo su príncipe azul, y desde donde estaba pudo ver todo su reino desde la mejor de todas las vistas.




 
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